Peter
camina a mi lado, los cinco nos dirigimos en silencio hacia el comedor, ninguno
de nosotros habla, no hay temas de conversación lo cual resulta algo incómodo.
Pienso en todo lo que está sucediendo y suspiro, Alice una chica normal y
corriente pasando por todo esto, menudo chasco. Llegamos al comedor y Max
suelta un bufido colocándose a mi lado.
-¿Y
bien Alice?- dice molesto – Aquí no hay nadie-
Me
sonrojo llena de rabia, aquel extraño hombre debería estar aquí pero sin
embargo Max tiene razón, el comedor está vacío. Recorro la estancia en busca de
algún atisbo de vida pero no hay nadie, miro y remiro, busco y busco pero
fracaso, justo cuando estoy a punto de decir que nos marchemos el mismo señor
anciano aparece por la puerta de entrada. Nos mira sorprendido.
-Asi
que habéis venido…-
Le miro
extrañada
-Le
dije que vendríamos-
Él
sonríe dejando a la vista una dentadura perfecta de un blanco deslumbrador.
-Bueno…
en ese caso sentémonos- dice radiante
Soy
la primera en sentarme, Max se sienta en frente mía al lado del señor, Grace
como no se pone a mi lado y Rose y Peter se quedan de pie.
-Bueno
chicos, voy a ir directo al grano, no me gustan los rodeos, estoy aquí porque
tengo que contaros una historia… muy antigua pero que os concierne a todos y cada uno de vosotros-comienza a
decir con un aire misterioso-
No comments:
Post a Comment